martes, 30 de noviembre de 2010

CESAR VALLEJO "ESTANDARTERO"


César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 - París, 15 de abril de 1938), poeta y escritor peruano considerado entre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX. Sus padres fueron Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. César fue el menor de once hermanos. Su apariencia mestiza se debió a que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Era un “hombre muy moreno, con nariz de boxeador y gomina en el pelo”, según recordó César González Ruano, en una entrevista publicada en El Heraldo de Madrid, el 27 de enero de 1931.

Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó de muy buena gana ya que se cuenta que durante un recorrido de una procesión el “cholo” nunca había separado la vista del estandarte. Terminada la procesión y siguiendo a su padre y a su madre, Vallejo regresó a su casa. Estaba emocionadísimo. No se atrevió a confiar el origen de su emoción sino a su madre, nada más que a su madre. Sólo había antojado. Sólo su inmenso cariño era capaz de eliminar todas las barreras que se interpusieran entre su hijo y sus deseos. Vallejo tomó  a su madre de las manos, y mirándola con una intensidad que ninguna virgen ha conocido en los ojos de sus fieles, le dijo, le gritó casi: “¡Mamá!”… ¡yo quiero ser entandartero!...  ¡Mamá!... ¡quiero ser entandartero!”…

Y volviendo hacia nosotros su cara de piedra, entre triste y festivo, como burlándose de sí mismo, Vallejo nos decía: “¡No había nada en el mundo que me atrajese tanto como el oficio de estandartero!”.
Ha muerto el cholo, y lo que no sabe él, es que ha llegado a ser el estandartero.
Fue en Lima donde publicó sus dos primeros poemarios: Los Heraldos Negros (1918), que reúne poesías que si bien en el aspecto formal son todavía de filiación modernista, constituyen a la vez el comienzo de la búsqueda de una diferenciación expresiva; y Trilce (1922), obra que significa ya la creación de un lenguaje poético muy personal, coincidiendo con la irrupción del vanguardismo a nivel mundial.

Sus poemas póstumos fueron agrupados en dos poemarios: Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz, publicados en 1939 gracias al empeño de su viuda, Georgette Vallejo. La poesía reunida en estos últimos poemarios es de corte social, con esporádicas tomas de posición ideológicas profundamente humana. Para muchos críticos, los “Poemas humanos” constituyen lo mejor de su producción poética, que lo han hecho merecedor del calificativo de “Poeta universal”.


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